La Europa del triángulo rosa; una revisión de los derechos LGTB en la UE

, de Nuria Usero Gómez

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La Europa del triángulo rosa; una revisión de los derechos LGTB en la UE
Banderas LGTB de Europa en el Europride de Vienna en 2019. Foto cortesía de Pulse of Europe.

Al hablar de la Unión Europea siempre pensamos en integración económica, aranceles o, sobre todo en los últimos tiempos, en el Mediterráneo y la crisis de refugiados. Sin embargo, Europa tiene mucho que decir en los derechos LGTB: el artículo 21 de la Carta de Derechos Fundamentales de la UE prohíbe toda discriminación por razón de orientación sexual. Asimismo, el artículo 13 del Tratado constitutivo de la Comunidad Europea permite a la Unión Europea aprobar leyes para luchar contra este tipo de discriminación. No obstante, a día de hoy la UE solo ha legislado en contra de la discriminación por orientación sexual en el ámbito laboral.

Es importante tener en cuenta que la no existencia de una discriminación explícita en el ámbito jurídico no implica que esa discriminación no exista en el ámbito social. El ejemplo más claro de esto serían las llamadas “zonas libres de LGTB” en Polonia que, hasta agosto de 2019, ascendían a 30. Aunque es un acto principalmente simbólico -su aplicación real supondría una vulneración de la Ley Europea- su existencia supone un intento de excluir y estigmatizar a personas del colectivo, según denunciaron algunas organizaciones pro-Derechos Humanos. Tampoco hay que olvidar, por supuesto, el elevado número de personas que no hablan sobre su orientación sexual por miedo a posibles represalias e incluso aquellas que lo hacen y deben enfrentarse a la exclusión, al abuso verbal y físico y a la disminución de sus perspectivas laborales.

Frente a la recurrente racionalización prejuiciosa instalada en la opinión pública de que este tipo de políticas o retrocesos en materia LGTB solo son propios de los países de Europa del Este, -relacionados con gobiernos populistas de ideología de extrema derecha-, lo cierto es que toda Europa se encuentra algo estancada en lo que a derechos LGTB se refiere.

Así, en 2016 la Agencia Europea de Derechos Fundamentales reveló que alrededor de la mitad del personal médico en Rumanía consideraba la homosexualidad un tipo de «trastorno mental». Y hasta 2001, cuando Rumanía empezó el proceso de adhesión a la UE, era ilegal que las parejas del mismo sexo se tomaran de la mano o expresaran cualquier otro signo de afecto en público.

Pero no hace falta irse tan lejos. En Italia la propuesta de ley para tipificar el delito de agresión homófoba está paralizada desde 2013, a pesar de las denuncias de estos colectivos LGTB que afirman, según una encuesta en el portal gay.it, que el 52% de ellos han sufrido agresiones en algún momento de su vida. El nuevo ministro de Familia y Discapacidad de Italia, Lorenzo Fontana, miembro de la ultraderechista Liga -ahora en el gobierno-, también provocó las protesta LGTB al asegurar que «las familias formadas por homosexuales no existen».

En Francia, por último, un 53 % de las personas LGTB han sufrido en su vida agresiones por su orientación sexual o su identidad de género, según datos del Observatorio de la Homofobia.

Estos datos no hacen más que desmontar el mito de que en países como España, Francia o Italia es más fácil ser LGTB. Aunque es cierto que se sufren menos escollos legales y la situación en cuanto a aceptación social es algo mejor, aún queda mucho por hacer y no debemos relajarnos.

También debemos buscar profundizar en el nivel de la conversación, alejándonos de lo meramente homosexual, y hablar de la realidad muchas veces borrada de las personas bisexuales, por ejemplo, o de aquellas siglas de menor desarrollo teórico e implantación social. En Reino Unido, sin ir más lejos, un 46% de los bisexuales y un 40% de las personas que se identifican como asexuales, «queer», pansexuales o polisexuales no han salido del armario.

Por tanto, es muy importante contrarrestar los discursos del odio y otras narrativas tóxicas que poco a poco parecen haber ido colonizando el espacio público. Es nuestra responsabilidad como ciudadanos y ciudadanas europeas el exigir y demandar el respaldo de unas instituciones europeas que verdaderamente nos representen. El derecho a ser quien realmente eres y de amar a quien quieras es algo tan básico e importante que aparece recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos, pese a que tantos años después sigamos teniendo que lucharlo día a día. Debemos aspirar a una Europa en la que ninguna persona sea discriminada y, mucho menos, por su dentidad u orientación sexual. Acabar con la discriminación es solo el primer paso; no vamos a conformarnos con la toleracia, pues no aspiramos a ser tolerados, sino a vivir y desarrollarnos con la más absoluta de las (nuevas) normalidades.

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