LENGUAS REGIONALES: ENTRE EL CONSTRUCTO ARTIFICIAL Y EL COMPONENTE IDENTITARIO

, de Théo Boucart, traducido por Irene Barañano

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LENGUAS REGIONALES: ENTRE EL CONSTRUCTO ARTIFICIAL Y EL COMPONENTE IDENTITARIO
Señal bilingüe en francés y bretón (dominio público).

OPINIÓN. Debido a un reciente artículo publicado en Le Taurillon (equivalente francés al Europeísta) que denunciaba la posición de Manuel Valls sobre el aprendizaje de idiomas regionales en Francia y las respuestas que provocó, es necesario un análisis más profundo del papel que estas lenguas desempeñan en cuanto a la creación de identidades regionales, nacionales y, especialmente, europea.

Hace tiempo, publiqué en Le Taurillon, un artículo [1] «candente» en respuesta a una declaración de Manuel Valls sobre el papel de las lenguas regionales en Francia. En una entrevista con el canal francófono internacional TV5MONDE, el ex primer ministro y candidato sin éxito a la alcaldía de Barcelona hizo una conexión explícita entre aprender lenguas regionales, como bretón, corso, euskera y catalán, e intentos de «separatismo» en sus respectivas regiones. No son más que sugerencias nauseabundas que se traducen en una lógica política centralista —incluso jacobina— totalmente anticuada en nuestra era de descentralización y de integración europea, sumada a una preocupante amalgama de términos. El momento que enmarcó los hechos fue cuando el Gobierno y el Parlamento franceses votaban acerca de una ley sobre el separatismo, el islamista, en particular.

El artículo que escribí al respecto provocó numerosas reacciones, tanto positivas como negativas, lo que, en mi opinión, es excelente. Sin embargo, no tardé en darme cuenta de que debía escribir otro artículo en respuesta a algunas reacciones que se me hicieron particularmente interesantes. Las organicé en dos categorías: por un lado, las que afirmaban que las lenguas regionales son constructos artificiales que apenas reflejan la realidad cultural de las regiones francesas, y, por otro, las opiniones que proponían que la promoción de idiomas regionales puede propiciar el separatismo, o, al menos, la intolerancia hacia lo francés.

Manuel Valls, centralista oportunista

Antes de reparar en las dos categorías de opiniones mencionadas, examinemos la historia del ex primer ministro Manuel Valls en cuanto al tema de la promoción de idiomas regionales, y, más implícitamente, en cuanto a la autonomía de los gobiernos locales del Hexágono.

Manuel Valls nació en Barcelona en 1962; lo que es lo mismo, en una Cataluña y una España sumidas en el franquismo. Su lengua materna es el catalán, un idioma que sufría la represión del poder político de aquel momento. En cuanto a su cultura y a su educación, Valls siempre estuvo sumergido en el multilingüismo y en la sensibilidad por las lenguas regionales. No obstante, cuando, más adelante fue proclamado primer ministro francés, su opinión respecto a las lenguas y a la autonomía regional se tornó mucho más ambigua. Cuando los senadores de extrema derecha bloquearon la posibilidad de Francia de ratificar la Carta europea de las lenguas regionales o minoritarias en 2015, Valls expresó su pesar en cuanto a esta decisión en un discurso en la Asamblea Nacional de Francia [2].

Aquel mismo año, se realizó una reforma territorial que recibió un aluvión de críticas por dañar las identidades regionales, ya que las «macro regiones» no muestran un ápice de consideración por las realidades locales. La Región de Gran Este es un ejemplo particularmente bueno. La fusión de tres regiones completamente distintas (Champaña-Ardenas, Lorena y Alsacia) es una enorme contradicción cultural, así como un paso atrás para el principio de la descentralización.

Las últimas reflexiones de Manuel Valls denotan centralismo oportunista y demuestran que sus convicciones acerca de las lenguas regionales pueden ser meros cambios de chaqueta para tratar de conseguir volver a la escena política de Francia.

Las lenguas, un constructo moderno

El idioma es un componente identitario esencial. Sin embargo, la misma noción de la lengua ha sufrido una multitud de cambios durante los últimos siglos. Hoy en día, en Francia, esta idea se caracteriza por una relativa homogeneidad y una gran facilidad para la comprensión mutua entre hablantes, a pesar de las variaciones dialectales. La homogeneidad de la que hablamos es en realidad el resultado de un proceso de estandarización debido a los constructos nacionales, algunas dinámicas religiosas y políticas y la influencia de los medios de comunicación. El francés que hablan decenas de millones de personas en Europa (al igual que cientos de millones de habitantes del mundo entero) es el mero resultado de la estandarización que ha seguido las reglas del français francilien (lengua francesa de la Isla de Francia) que los medios de comunicación han impuesto durante las últimas décadas.

La estandarización del francés ha sido el camino que también han tomado muchas lenguas regionales de Francia. Un buen ejemplo con el que estoy familiarizado es el del alsaciano: hay diferencias dialectales significativas entre el alsaciano del norte (Bajo Rin) y el alsaciano del sur (Alto Rin); la lengua tradicional de la región Alsace Bossue (del departamento Bajo Rin) es un dialecto fráncico renano de Lorena, una subregión completamente distinta. Sin embargo, la variedad dialectal que se enseña en escuelas, instituciones culturales y en la Universidad de Estrasburgo (en la capital del Bajo Rin) deriva de la mencionada estandarización del francés. En la misma situación se encuentra el dialecto del bretón que se enseña en las escuelas Diwan (centros equiparables a las Ikastolas vascas). Y otro tanto de lo mismo sucede con el corso.

El caso de otras lenguas regionales, en cambio, es más complejo, por ejemplo, el del fráncico lorenés, hablado en el norte del departamento Mosela, que está dividido en tres dialectos (luxemburgués; fráncico moselano, cercano al dialecto de Sarre; y renano de Lorena fráncico, parecido al alsaciano). Otras lenguas incluso han optado por tener varias variantes oficiales, como es el caso del provenzal (que, a su vez, se tiene por dialecto del occitano) y sus subdialectos: el alpino, el del área del Ródano, el nizardo, y el marítimo o mediterráneo.

En conclusión, para salir a flote y desarrollarse, un idioma debe estandarizarse y construir una estructura eliminando las variaciones dialectales que obstaculizan la comprensión mutua entre hablantes. Esto se aplica tanto al francés como a las lenguas regionales.

Identidad inclusiva, un concepto para el futuro

La premisa que afirma que el desarrollo de idiomas regionales minaría la unidad de la República Francesa se basa en la creencia de que una identidad se construye en detrimento de otra. Por poner un ejemplo, hay quien cree que uno no puede ser, lingüística y culturalmente hablando, bretón y francés a la vez.

Pienso que debemos deshacernos de esta premisa por dos razones. La primera, las connotaciones nacionalistas. La única opción posible como identidad de los y las ciudadanas de Francia sería la identidad francesa, haciendo caso omiso a las culturas locales y a la historia. Además, esta premisa ignora que las identidades se pueden solapar: uno puede ser un catalán en Roussillon que se siente también francés y europeo. Ese tipo de armonía es especialmente deseable en un momento en el que Europa necesita confiar cada vez más en las regiones para favorecer la integración.

La identidad inclusiva no es, sin embargo, mero optimismo, sino que se sostiene mediante numerosos estudios académicos [3]. Hacia el final de los años 90, el escritor Amin Maalouf describió así la identidad inclusiva: «A quienes preguntan, les explico con paciencia que nací en Líbano, donde residí hasta los 27 años. También les explico que el árabe es mi lengua materna […], no obstante, he vivido en suelo francés durante 22 años […]. ¿Sería medio francés y medio libanés? ¡En absoluto! La identidad no se puede dividir en compartimentos; no se puede partir en mitades o en tercios, ni tiene ningún sistema de límites definidos. No tengo varias identidades, solamente tengo una hecha de todos los elementos que han dado forma a sus proporciones únicas». Esta lección sobre identidades francesas y libanesas es perfectamente aplicable a las identidades vascas y catalanas.

Por lo tanto, abundan los argumentos para apoyar el desarrollo de lenguas e identidad regionales en Francia, incluso, desde una perspectiva que mira a una Europa federalista y democrática.

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